domingo, 28 de junio de 2009

Garota diferente




Volviendo nuevamente a la música, esta vez voy a hacer un poco de "bombo" a favor de una excelente y deliciosa voz que descubrí hace un tiempito, investigando nuevos sonidos e intérpretes en la web.
Se trata de Rosalía De Souza, una cantante y compositora brasilera nacida en Río de Janeiro hace 43 años. Su música es una combinación de bossa nova, jazz, samba y electrónica. La mayor parte de los temas cantados por Rosalía son composiciones del genio italiano Nicola Conte, principal referente del acid jazz en la tierra de la pizza y del Calcio.
Su repertorio ha homenajeado a autores brasileños clásicos como Tom Jobim, Baden Powell, João Gilberto, Sergio Mendes, Toquinho, Vinicius de Moraes, Djavan, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, Milton Nascimento y a algún que otro pichi de la misma calaña. A partir de su sociedad musical con Nicola Conte, comenzó a participar en grabaciones para grupos jazzeros de Italia como Intensive Jazz Sextet y Quintetto X. En Junio de 2000 participó en el Brazil Festival, en Londres, donde conoció al grupo de acid jazz Les Hommes. Junto a esta formación, más la presencia de Gianluca Petrella, actuó en el Fez Jazz Festival, en Bari. Además, junto Les Hommes, actuó con éxito en Festival de Lounge de Cesenatico y en el Summer Lounge Festival, realizado en el Jazz Café de Londres. Junto al Schema Sextet y a Nicola Conte, representó a Italia en la edición 2001 del Festival de Jazz de Montreux. Lo que demuestra que, además de estar bárbara, en este metié del canto la chica la pilotea bastante bien.

Su debut discográfico solista se produjo en 2003, con el álbum “Garota Moderna”. Un año después se editó “Garota Diferente”, un álbum de remezclas de su primer larga duración. Allí colaboraron bandas como The Five Corners Quintet y The Dinning Rooms, y artistas de la talla de Gianluca Petrella y Gerardo Frisina. Como no podía ser de otra manera, ambos trabajos fueron concebidos por el gran Nicola Conte.
En el año 2006 sale al ruedo “Brasil Precisa Balançar”, trabajo que se acerca más a la música brasilera, dejando un poco de lado el sonido electrónico.
Finalmente, a principios de 2009 da a conocer la que es, hasta ahora, su última obra musical: “D’Improvviso".

Basta de cháchara, entonces; los dejo con la exquisita voz de Rosalía De Souza...

Adriana - del álbum "Garota Moderna"

Agarradinho - del álbum "Brasil Precisa Balançar"

Samba Longe - del álbum "D'Improvviso"

miércoles, 17 de junio de 2009

Hazte la fama...


Siguiendo con esta terapia catártica que me ha recomendado el doctor, esta vez voy a hablar de dos clases de individuos que, si bien son muy diferentes entre sí, a través de su peculiar y molesto comportamiento logran el mismo objetivo: que todos los que están a su alrededor se adapten a ellos. Se trata de personajes que, por su particular condición, se han ganado una fama, han sacado una especie de “patente”, por decirlo de alguna manera. Y esa “chapa” que ostentan, consciente o inconscientemente los lleva a gozar de ciertos privilegios entre su grupo familiar y de amigos, los vuelve intocables. Me estoy refiriendo a los cabrones y los vagos.

CARÁCTER DE MIERDA
El llamado "cabrón" es un tipo malhumorado, intolerante, impaciente, desconfiado, inconformista, gritón y potencialmente violento. Y digo “potencialmente” porque nunca se sabe si en algún momento puede llegar a apelar a la agresión física para imponer una idea o castigar un error ajeno. Es un misterio y, a veces, lo usa a su favor. Es como el país que tiene la bomba atómica; capaz que nunca la piensa usar, pero la tiene.

El cabrón atemoriza, intimida, impone, condiciona. En el fondo suele ser bonachón, pero su carácter irascible hace que cada decisión que se tome en su entorno necesite su visto bueno. Para que no se enoje, para mantenerlo de buen humor. Caso contrario, preparémonos para aguantarlo.
A este sujeto hay que ocultarle las malas noticias. O en su defecto procesárselas, esperar el momento, la hora, la conjunción de los planetas... Porque no se sabe cómo va a reaccionar. Si, por caso, el cabrón es tu marido, ¿cómo le decís que le rayaron el auto, que aumentaron las expensas, o que para la cena de Navidad se enganchó la tía Dorita? Si fuiste a sacar entradas para ir al cine con la cabrona de tu novia, ¿cómo le comentás que no conseguiste para la peli de amor que ella quería? Si esperás a tu amigo cabrón en la puerta de un restaurante, ¿cómo le avisás que hay 45 minutos de demora? Si el cabrón es tu compañero de fútbol, ¿cómo le comunicás que el arquero hoy no viene porque se levantó con fiebre? Si te tocó la compra del asado para el domingo, ¿cómo le decís al cabrón de tu cuñado que no conseguiste tira? Es jodido, porque el cabrón no analiza. Reacciona sin pensar. Es de esos que asesinan al cartero porque les trajo una mala noticia.
Y no es aconsejable caer en la táctica del ocultamiento, porque a la larga resulta peor, porque termina enterándose de las cosas por otro. Y quedás para el culo, porque no se lo contaste, o se lo contaste mal.
Conclusión: hay que tomar valor y decirle las cosas como son. Y si no le gusta, que se joda. Al fin y al cabo el problema es él.

TRABAJÁS, TE CANSÁS, QUÉ GANÁS(1)
El vago casi no necesita presentación. Los hay en todos lados; en el trabajo, en la familia o en el grupo de amigos. Es irresponsable, ventajero, cómodo, mentiroso y sobre todo hábil. Hilando un poco más fino se podría decir que hay dos tipos de vagos, el consciente y el caradura. El primero sabe de su condición y se aviene a una suerte de ley de las compensaciones: no reclama nada de los demás porque sabe que al primer cacareo lo bajan de un hondazo. El segundo es detestable; ve que sus amigos invirtieron tiempo y horas de laburo para organizar el viaje a Europa, y protesta porque el hotel no tiene vista a la torre Eiffel.
En el ámbito laboral el vago es nocivo para sus compañeros. “Encargale el trabajo al que más trabajo tiene si querés que te lo haga”, me dijo una vez uno de esos filósofos de la vida. Y es una gran verdad. Asignarle una misión al vago es riesgoso: no sabés cuando lo va a hacer, si lo va a hacer ...y ni hablemos si lo va a hacer bien. Por eso le encomendamos la tarea al laburador, al responsable, que, por supuesto, termina odiando al vago.
En el ámbito social el vago también suele hacer de las suyas. Ante un asado o una comilona jamás pregunta qué hay que llevar o hacer. “¿Dónde y a qué hora hay que estar?”, es todo lo que le interesa. Y generalmente es de llegar tarde, cuando ya está todo cocinado. A ver si todavía lo enganchan para algo. Lo mismo ocurre frente al cumpleaños de un tercero: el vago jamás se va a ofrecer para comprar el regalo. De eso se encargan los giles de sus amigos. "Che, ¿no había de otro color?", te va a decir cuando vea esa chomba que compraste después de perderte toda una tarde en el shopping. Para enmascarar su comportamiento, a veces el vago se muestra también como un gran vendedor de humo: se inventa tareas inútiles para que los demás vean que está haciendo algo. Y claro, esto lo hace una vez, lo hace dos veces... a la tercera lo querés acogotar.
“Fulanito es así, a esta altura no lo vas a cambiar”, suelen decir los más indulgentes. Y está mal. Le están haciendo el juego al vago. Eso es lo que quiere, que no lo cambien. En algún momento hay que romper ese círculo vicioso. De alguna forma hay que quebrar ese status quo que favorece el accionar del vago y confina a la resignación a los que trabajan y se calientan. Y no es tan difícil lograrlo; sólo se necesita una pizca de humor, creatividad y decisión.

Así es, chicos; el vago y el cabrón están entre nosotros y hay que aprender a convivir con ellos. Seguramente a lo largo de estas líneas, muchos de ustedes habrán reconocido a más de un amigo, familiar o compañero de laburo ...o a lo mejor a ustedes mismos. Quien te dice...
Yo termino de escribir esto con la conciencia tranquila. Ante este tipo de denuncias, siempre me amparo en el viejo y famoso dicho “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”. Qué joder.

(1) Frase del célebre Minguito Tinguitella, entrañable personaje interpretado por Juan Carlos Altavista.

domingo, 14 de junio de 2009

Esta música no es para lavarse las manos


Reunión de amigos en casa. Pizza, empanadas, cervecita... De fondo suena una especie de reggae pesado, con mucho bajo y efectos de sonido.
“¿Qué música vendría a ser esta?”, pregunta alguien. “Dub”, les contesto (se pronuncia “dab”). Y enseguida viene la inevitable sarta de chistes fáciles y burlones relacionados con el famoso jabón de idéntica pronunciación. Perdónalos, Señor...

El dub es un género musical electrónico desarrollado en Jamaica a partir de los años ‘70. Su evolución fue paralela a la del reggae pues solían realizarse versiones dub en las caras “b” de los vinilos.
La música dub incluye habitualmente efectos de sonido de eco y reverberación añadidos a una canción ya existente, acompañados muchas veces de fragmentos de las letras de las canciones originales. Generalmente se retira gran parte de los vocales y se hace más énfasis en bajo y batería. Muchas veces también se incluyen otros efectos sonoros como tiros, sonidos de animales, sirenas de policía, alarmas, etc.
Es uno de los géneros musicales basados en remixes de canciones. El dub está caracterizado por ser una versión de canciones ya existentes, con sonidos instrumentales que son saturados de efectos procesados que se aplican en algunas piezas de percusión o letra, mientras que otros instrumentos pasean por el mix, entrando y saliendo de éste. Es jugar con las pistas de la cinta de grabación.
Otra característica del dub es el bajo incorporado con otros sonidos graves y subliminales. Las mezclas de este género incorporan, además de efectos procesados, otros sonidos como el cantar de pájaros y ballenas, rayos y relámpagos, caer de agua, y algunas inserciones vocales externas. Puede ser una mezcla en vivo hecha por un DJ, ya sea improvisada o no, aumentando el grado de detalles sonoros, creando un ambiente muy subliminal, una experiencia muy personal.
El productor King Tubby (Osbourne Ruddock) es considerado el "padre del dub" y tal vez sea el nombre más famoso, mientras que el inglés Mad Professor es uno de los mayores productores actualmente. Otros músicos importantes de la escena dub son Lee “Scratch” Perry y Augustus Pablo.

En resumen, una música que suena limpita, limpita...

Flag Dub - King Tubby


A Dub Lesson - Mad Professor

Dub Experience II - St. Germain

miércoles, 10 de junio de 2009

La leyenda de "El Moreno"


Este relato podría encajar mejor en mi blog de viajes, pero elegí mostrarlo aquí porque trasciende lo turístico, lo geográfico y lo deportivo. Habla de un personaje muy especial que, durante un puñado de días, nos iba a dar una verdadera lección de cariño y amistad.


El puesto de Gendarmería "El Manso", ubicado por aquel entonces en la margen norte del río homónimo y sobre el límite sur del Parque Nacional Nahuel Huapi, no era un lugar muy concurrido. Tal vez por eso los militares allí destinados nos despidieron con simpatía. Acaso les debió causar asombro que tres personas -Gabriela, Casi y yo- utilizaran sus vacaciones para cruzar a Chile con 20 kilos en la espalda cada uno. Y no exagero. "El paisaje y la experiencia superan cualquier sufrimiento", estoy acostumbrado a pontificar entre curiosos y detractores. Pero dejaré esta controvertida cuestión para otro momento.

Ni bien reanudamos la marcha un perro comenzó a seguirnos. Se nos unió, sería la expresión correcta. Nada anormal en estas comarcas donde es costumbre transitar dentro de chacras y campos privados. El animal se veía robusto, no parecía vagabundo. Tenía un aire a ovejero alemán, pero con cabeza ancha y más bien retacón. De nada sirvió ahuyentarlo con los bastones para que no se alejara de su supuesto amo y perdiera el camino de regreso. A decir verdad, no figuraba en nuestros planes cruzar a Chile con una mascota, pero, al parecer, el animal así lo decidió. Y no era cuestión de contrariarlo. "Ya se cansará", vaticinábamos despreocupados. Falsa presunción; los futuros hechos nos demostrarían lo lejos que estábamos de la inexplicable y sorprendente realidad.

La lluvia que nos había sorprendido la primera noche en el paraje fronterizo de El León, no impidió que el pichicho durmiera acurrucado junto a nuestra carpa. Y fue todo una señal; nos dio la certeza de que nos iba a seguir a donde y como fuera. Lo aceptamos. Soy de los que sostienen que un animal trae menos disgustos que un ser humano.

Con el correr de los días fuimos descubriendo detalles interesantes en el comportamiento de nuestro flamante compañero de ruta. Ya habíamos tenido una primera pista sobre su identidad gracias a un lugareño que nos cruzó de manera casual en la frontera. "¡¡Es 'el Moreno'!!", había exclamado con asombro y entusiasmo al ver al perro. Según le alcanzamos a entender, se refería a un animal que se había esfumado misteriosamente tiempo atrás. Nada más que eso. O nada menos.

"El Moreno" era un dechado de educación. Jamás se atrevía a tocar nuestra comida durante la ceremonia del almuerzo o la cena. El tipo permanecía en un segundo plano observándonos y sólo lo hacía al recibir la autorización. Y no le hacía asco a nada.
Tampoco entraba a lugares cerrados. Toda vez que ingresábamos a alguna vivienda, nuestro amigo de cuatro patas aguardaba silencioso y obediente en la puerta. Por las noches se apostaba a los pies de la carpa y de día velaba por nuestra seguridad y nuestras pertenencias. Como en aquella oportunidad en la que echó a mordiscones en la cola a un chanchito que amenazaba con hincarle el diente a una bolsa con comida.
Su método de marcha era curioso. Por momentos caminaba junto a Casi, por momentos junto a mí, y finalmente se arrimaba a Gaby. Y nos observaba. Como si estuviese analizando nuestros estados de ánimo. Como si nos fuese custodiando un rato a cada uno o hubiese sido entrenado para escoltar rebaños, aunque en este caso se tratase de humanos. En una ocasión, tras olfatear algo raro en el aire, desapareció en un oscuro y cerrado cañaveral. Escuchamos una especie de escaramuza, y al instante vimos salir de la espesura a un asustado pudú(1), seguido detrás por el inefable y combativo Moreno. Las vacas, que cada tanto nos obstruían la senda, también eran víctimas de la severidad de nuestro perro. En una de sus ruidosas "apretadas" para despejarnos la ruta sucedió algo gracioso. Una de las vacas se le retobó, y en una repentina inversión de roles comenzó a correrlo a él. La escena de los dos animales girando alocadamente alrededor de un árbol, sin saber quién perseguía a quién, hubiese encajado de perillas en algún film de Mel Brooks. "Se me complicó", habría pensado con susto el pobre Moreno.


Pero lo más conmovedor sucedió el día en que decidimos visitar la orilla sur del caudaloso y encajonado río Manso. Conmovedor en serio. El sistema para cruzar el río tenía algo de ejercicio acrobático y parque de diversiones: debíamos treparnos a una especie de canasta-cablecarril para dos personas, suspendida a unos cuantos metros de la superficie del agua e impulsada por uno mismo gracias a una palanca de hierro. El curioso aparato no funcionaba sin un cristiano arriba, de manera que debíamos cruzar dos y volver uno a buscar al tercero. Y que no se cayera al agua la palanca porque había que llamar de urgencia a Gendarmería o a Carabineros. Lo cierto es que el fiel Moreno, al ver angustiado que nos mudábamos a la margen opuesta sin él -era riesgoso para el perro y para nosotros-, se largó barranca abajo abriéndose paso entre las cañas, y con gran decisión se jugó a cruzar el río. Mientras pendulábamos del cable, veíamos azorados cómo ganaba la otra orilla a brazada limpia a pesar de la corriente. La garganta se nos estrechó en un nudo, y creo que nos obligó replantear seriamente el significado que hasta ese momento tenía para nosotros la palabra amistad.

La senda, días más tarde, devino en ruta, y una camioneta que pasaba por allí nos llevó rápidamente -Moreno incluido- hasta la cabecera sur del lago Tagua Tagua. En minutos debíamos subir a un pequeño transbordador que nos cruzaría hasta su extremo norte y, noche en Río Puelo mediante, tomaríamos un bus que nos depositaría finalmente en la ciudad de Puerto Montt.
¿Qué hacemos con el perro?, era la pregunta del millón. Imposible era cargarlo más allá de aquel lugar sin una serie de trámites que ninguno tenía en sus planes realizar. Cerrábamos nuestra excursión en la montaña envueltos en un inesperado dilema moral -y sentimental- que no admitía demasiadas alternativas. Mejor dicho, admitía una sola, para desgracia del animal.

“¡¡Es ‘el Moreno’!!”, reaccionó sorprendido uno de los militares destinados en la zona del lago, al vernos aparecer junto al perro. Su versión de la historia no difería de la escuchada días atrás en la frontera: el popular animal había partido de allí hacía algunos años detrás de un mochilero solitario, abandonando a su antiguo dueño. Le pedimos al oficial que al marcharnos se encargara de él.

Zarpamos. El transbordador se apartaba lentamente de la costa, y nuestros ojos se humedecían de tristeza al ver como nuestro fiel compañero luchaba por escapar del lazo que lo sujetaba para que no se arrojara de manera casi suicida al agua. En otra ocasión ya lo había hecho, pero acá tenía por delante al inmenso lago y jamás alcanzaría a la barcaza. Lo vimos saltar y retorcerse enloquecido hasta que una saliente de la costa nos cubrió la escena como el telón de una obra de teatro.

Acodado a la fría baranda de la balsa, vinieron a mi mente como un flashback cada una de sus demostraciones de fidelidad y cariño. La espantada a las vacas, su admirable educación, su valentía al animarse cruzar el río Manso...

Ya pasaron ocho años, y aún hoy me sigo haciendo preguntas sobre la actitud, el origen, la misión o la identidad de "el Moreno". ¿Sería un perro vagabundo? ¿Buscaría un amo? ¿Nos habría tomado cariño? ¿Andaría perdido y nos usó de guías para regresar a su terruño? ¿Buscaría alimento? Misterio.
Sólo estoy seguro de algo: una travesía en la soledad de las montañas siempre trae de la mano una considerable dosis de peligro. Prefiero quedarme, entonces, con la idea de que "el Moreno" ha sido durante ese puñado de días nuestro Angel de la Guarda.


(1) Ciervo pequeño, de aproximadamente 35 cm de altura, que habita en los bosques de los Andes.

miércoles, 3 de junio de 2009

Cortando clavos...

Voy a dejar por un ratito –solo un ratito- la política para hacer un llamado de alerta a la población. Al menos a la población que tiene auto o algo que se mueva sobre ruedas.
Los otros días tuve que movilizarme en mi vehículo hasta la localidad de Lomas de Zamora, en el Gran Buenos Aires. No hace falta que lo diga yo: calles despedazadas, gigantescos pozos inundados de agua sucia que dan la sensación de llegar hasta la China... La famosa frase “el Sur también existe” es más que una expresión de deseo por estos lares. Y para los gobernantes solo un slogan de campaña (uf, otra vez la política).
Cuestiones viales al margen, voy hablar de algo que me pasó. Una boludez, al lado de los problemas realmente graves que ocurren a diario. Pero demuestra una vez más que algunos argentinos son incorregibles.
Resulta que cuando salgo del lugar al cual fui, descubro que tengo una rueda pinchada (ya algunos a esta altura se habrán avivado hacia donde apunta mi relato). La cambio y, para no andar buscando una gomería por zonas que no conozco (además era de noche y llovía), decido arriesgarme y seguir hasta la Capital.
Bien. Entro a una gomería conocida para que me emparche la rueda, y el tipo, mirando detenidamente un clavo de unos 3 centímetros de largo que acababa de extraer (no exagero), me dice: “vos anduviste por Avenida Pavón, ¿no?”.
Antes de preguntarle si era brujo o adivino y pedirle un datito para la quiniela, o saber si el 28 de junio va a ganar el Colorado o el Pingüino le respondí: “¿por?”. “Pavón está llena de clavos...”, me contestó; “...los tiran de algunas gomerías”, concluyó con tono paternal.
Y ahí nomás me sentí como el animal que cae en una trampa. Me sentí parte de ese porcentaje de argentinos demasiado boludos que cae en las redes de los demasiado vivos. A lo que llega el hambre, pensé. Por lo menos no salen a afanar, también pensé emulando a esos dudosos optimistas que siempre ven el vaso medio lleno. ¿Hay diferencia entre unos y otros?
Mi costado justiciero y vengador comenzó a elucubrar soluciones para poner en vereda a estos hijos de puta. Agarrarlos es imposible. ¿Quiénes son? ¿Cómo los enganchás? ¿Cómo los diferenciás de los verdaderamente honestos, que los hay, sin dudas? Seguro los deben tirar de madrugada, cuando nadie los ve... Si vas a la Municipalidad tal o cual para proponer un “operativo quitaclavos” se te van a cagar de risa en la jeta. Podés recorrer Pavón con un imán gigante. Pero no sé... llamarías mucho la atención y al día siguiente te inundarían el asfalto con nuevos clavos. En fin, tampoco podés dejar de transitar por ese lugar.
Yo creo que lo mejor es cambiar la goma tranquilo, calladito, y hacerla arreglar bien lejos de allí. No se te va a ir la calentura, pero al menos no les hacés el caldo gordo a estos turros de mierda y le das trabajo a un gomero honesto.

jueves, 28 de mayo de 2009

Chistecito para la ocasión...

Néstor se va al Cielo –Dios no lo permita- y lo recibe San Pedro.
-Mirá Néstor... –arrancó el famoso santo en tono de bienvenida-. Seguramente sabrás que el destino final de todo mortal es el Cielo o el Infierno. Pero debido a tu investidura dejaremos que seas vos mismo quien lo elija...
-Ya está, elijo el Cielo!! ¿Qué duda cabe? –exclamó el santacruceño.
-Sí, momento, está bien –lo frenó San Pedro-. Pero hay una sola condición: para que estés bien seguro de tu elección, primero debes pasar un día completo en cada lugar.
-No hay problema, lo paso –respondió muy seguro.
San Pedro llama a un secretario y se lo lleva al Néstor a pasar su correspondiente día en el Infierno.
Allí lo recibe el Diablo, quien le organiza una agenda de actividades muy completa. Por la mañana va con el jefe de los piqueteros locales a cagar a trompadas a unos oligarcas y a prender fuego la planta del diario de mayor tirada. Al mediodía se junta a morfar con tres presidentes bolivarianos para sacarle el cuero a Uribe y hablar pestes de los EE. UU. A la tarde es invitado por el director del INDEC a cagar a tiros a unos empresarios y a prender fuego plantaciones de soja. Finalmente se junta a cenar con unos punteros del conurbano y de sobremesa terminan haciendo un certamen de dardos sobre las caras de Cobos, Lilita, Macri y De Narváez.
Al día siguiente, San Pedro lo trae de vuelta del Infierno y lo manda a pasar el día al Cielo.
Allí se encuentra con una paz absoluta. Nadie levanta el tono de voz, todo se debate, se consensúa, se charla... Las leyes van al Congreso y no hay aprietes para que se voten... Los gobernantes del Cielo escuchan a la voz del pueblo... El asistencialismo se reemplazó por la creación de puestos de trabajo...
Luego de pasar el día en tan pacífico lugar San Pedro le pregunta a Néstor si ha tomado una decisión, si ya ha decidido cuál va a ser su morada final y de la cual no podrá volver.
-Y... después de conocer a los dos lugares voto por el Infierno, ja, ja, ja!!!!! –exclamó sin dudarlo un instante.
-¿Estás seguro? –lo apuró San Pedro.
-Segurísimo!!!!! –respondió eufórico y ansioso por volver allí.
-Está bien, ni una palabra más –finalizó el santo.
Néstor vuelve al Infierno pero esta vez encuentra todo absolutamente cambiado. Nadie viene a recibirlo, está todo desierto, árido, caluroso, oscuro, abandonado...
En eso ve venir a la siniestra figura del Diablo.
-¿Qué tal, jefe? –le dijo Néstor al representante de los avernos, dándole su clásica palmadita en la espalda. –Je, se acuerda de mí, ¿no? Esteeee... le hago una preguntita: ¿por dónde andan todos esos muchachos tan macanudos que conocí ayer? –preguntó el patagónico completamente sorprendido.
-Eran nuestros candidatos testimoniales –le respondió el Diablo-. Como ya nos votaste se fueron a la mierda.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El tiempo lava todo...




Las candidaturas testimoniales, las impugnaciones del juez Blanco, los huevazos a Rossi, los piquetes del Campo, las bravuconadas de D'Elía...

Todo esto pasa a segundo plano al ver a un tipo que tendría que estar "guardado" de por vida participar de un sketch de televisión.

Una visita "de lujo", como dijo el conductor de ese programa.

lunes, 25 de mayo de 2009

Incertidumbre bicentenaria


...Pasaron 199 años y el pueblo sigue sin saber "de qué se trata". Mejor dicho, algunos pocos lo saben pero jamás te lo van a decir.

Este tema va dedicado a todos los que nos gobernaron, a los que nos gobiernan, y a los que nos quieren gobernar. Bah, a todos los políticos...

Los Redondos - VAMOS LAS BANDAS

 

FELIZ DIA DE LA PATRIA!!!

domingo, 17 de mayo de 2009

Dobles de riesgo

El tema de las candidaturas testimoniales ya está instalado en la sociedad y lo aceptamos resignados. “Que estoy pero no asumo”, “Que figuro pero después renuncio”... En fin, las cartas ya están echadas y cada uno sabrá qué hacer a la hora de entrar al cuarto oscuro.
Pero en estos últimos días se le ha agregado un nuevo condimento –por si hacía falta- a estas controvertidas elecciones que se avecinan. Así es; con la inclusión de Nacha Guevara en las listas del oficialismo, apareció el “voto caracterización”. Una idea brillante. Es que la famosa actriz/cantante ha hecho tantas veces de Evita que en una de esas... Vio cómo es la gente, ¿no? No sé si me explico...

...Y atenti que utilizando esta misma estrategia, operadores del oficialismo y del arco opositor podrían salir a la búsqueda de las siguientes figuras:


Alfredo Alcón. Este gran actor hizo del General San Martín en la peli “El Santo de la Espada”, ¿se acuerdan? Captaría al electorado patriota y nacionalista. Cerraría la campaña cruzando la Cordillera de los Andes y su slogan sería “si no ganamos volvemos a la época del virreinato”.


Rodolfo Bebán. El popular galán hizo de Juan Manuel de Rosas. Los fanáticos del “Restaurador” lo votarían con los ojos cerrados y al grito de “¡¡Mueran salvajes unitarios, viva la Santa Federación!!”.
Gerardo Romano. ¿Cómo olvidarse de su caracterización del Che Guevara? “Hasta la legislatura siempre”, sería el slogan de campaña. La izquierda chocha y no es para menos.
Darío Grandinetti. Hizo de Juan Manuel Fangio. El Quíntuple no fue político pero hoy en día qué importa. Los amantes de los “fierros” lo votarían seguro. Es más, el cierre de campaña se podría hacer en el Autódromo o en Balcarce (no en el "50" de la Rosada).
Fernán Mirás. Fue Tanguito, en el recordado film “Tango Feroz”. Para captar al electorado rockero. “Con mi balsa yo me iré a sufragar”, sería el slogan.
Víctor Laplace. No hace falta presentar al personaje que está a su derecha y a quien este galán maduro supo caracterizar. Es el ancho de espadas. Hombres del peronismo: ¿cómo se lo están perdiendo? No dejen que se los sople ningún partidito de cuarta. Ganan de acá a la China. Y no les cobro nada por la idea...

Esther Goris. Esta carta no la tenían, ¿eh? Atención muchachos del peronismo opositor: no se calienten si el Néstor la pone a la Nachita, aquí les sirvo en bandeja otra figura que también supo meterse en la piel de la “Abanderada de los Humildes”. Igual convengamos que dos Evitas en una misma elección desorienta un poco, pero ustedes no se preocupen... Que la gente decida, che!!!

Hasta el próximo post!!!

miércoles, 6 de mayo de 2009

Buenas noches Améeericaaaaaa!!!!!!!



Este es un pequeño y humilde homenaje al regreso de Marcelo a las pantallas, y a todos los programas que viven de él.



Divina TV Führer - Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.

viernes, 1 de mayo de 2009

Las Profecías de Nostra Dama (la tía Kris)


Cosas que pueden pasar en nuestro país si el 28 de Junio no triunfa el matrimonio presidencial...

¿Alguien quiere esto?

¿Y esto?


¿Y esto otro?


Me imagino que esto tampoco...


Entonces ya saben lo que tienen que hacer...

sábado, 11 de abril de 2009

Tomada de pelo testimonial



Yo pensé que sabía todo –o casi todo- de política, pero durante estos convulsionados días que corren, me enteré que existe una nueva estrategia –diría más bien treta- electoral: las listas testimoniales.
A ver si entendí bien, la cosa vendría a ser así: el candidato que encabeza la lista descubre que no goza de la simpatía de la mayoría o mide mal en las encuestas para concejal o diputado. Entonces coloca sobre él a otro más carismático, popular, taquillero y de mayor rango (gobernador, intendente, senador, etc...). La lista en cuestión gana las elecciones, el candidato “estrella” renuncia a su banca para seguir en su cargo anterior, y asume el que viene –o los que vienen- detrás. O sea, vos lo votás a Juan Pirulo porque te gusta o porque tiene valores, y resulta que luego termina asumiendo otro que no sabés quien es. O sabés quien es y no lo querés ver ni en figuritas. Lo que a priori parecería una estafa, pensándolo bien no lo es. Porque el detalle más insólito –y escuchen bien esto- es que ya de antemano, es decir antes de votar, te avisan que va a renunciar. O sea que si cuando te ocultaban la maniobra te sentías un pelotudo engañado, ahora pasarías a ser un pelotudo consciente. “El que avisa no traiciona”, reza un viejo dicho popular. Y es verdad. Además de servir para ganar una elección –pavada de propósito-, este sistema es bárbaro porque le transfiere al votante la carga de la culpa. Es decir: “te avisé que te iba a garcar y me votaste igual ...JODETE!!!!”
En fin, mientras todavía lloran al "Padre de la Democracia" (qué paradoja, ¿no?), nuestros políticos nos dan una muestra más de que si usaran su astucia e inteligencia para solucionar los problemas de los argentinos, seríamos potencia mundial...

miércoles, 1 de abril de 2009

Un político honesto a la derecha, por favor!



BUENOS AIRES (AFP) - El fallecido líder político argentino Raúl Alfonsín donaba el 50% de su pensión de ex presidente (1983-1989) para ayudar a comprar alimentos, medicamentos y audífonos a jubilados de su natal ciudad de Chascomús, reveló el miércoles a la AFP una alta fuente comunal.
"Desde hace muchos años había donado la mitad de su pensión, unos 7.000 pesos (1.870 dólares) para el seguro social y de salud jubilatorios", dijo la fuente, autoridad del municipio de Chascomús, una zona agrícola y de pesca deportiva, con 38.000 habitantes, 110 Km al sudoeste de la capital.
Alfonsín, quien murió la noche del martes a los 82 años a causa de un cáncer, se había ocupado de garantizar que el dinero llegara efectivamente para la compra de insumos básicos para los abuelos de la zona y que no fuese destinado a otros gastos de mantenimiento de las oficinas.
Como escuché decir por ahí: "No fue perfecto, pero al lado que lo que vino después..."

lunes, 30 de marzo de 2009

No es lo que parece

En el post anterior les decía que “había que pasar el verano”, pero a juzgar por la temperatura que reina aquí afuera, ya entrado el otoño el calorcito aún parece gozar de buena salud.
Y precisamente hablando del frío y del calor, ahora antes de salir a la calle los argentinos deberíamos contar con una nueva cifra al pie de la pantalla del televisor. Al indicador de la hora, la temperatura y la sensación térmica las emisoras deberían agregar el de la “sensación de inseguridad”. ¿Y por qué no? Si el ministro Fernández dice que es una “sensación”, ¿por qué no medirla? Pensemos... Podría ser del 1 al 10. En porcentajes. Un coeficiente surgido de la cantidad de secuestros por mes. En grados de la escala Richter... Qué sé yo... Se imaginan a una mujer diciéndole a su esposo que se va a laburar: “viejo, llevá un abrigo porque hay 5 grados de térmica y meté un garrote en el bolso porque hay un 9,4 de sensación de inseguridad”.
“Sensación de inseguridad”, repite y repite el superministro. Está bien, Anibal, pero hagamos un trato: yo le creo ciegamente esto de la “sensación” y usted a cambio me promete algo. No es muy complicado. Se me empilcha bien, se manda para la casa de alguna víctima del delito (puede ir en bondi, total según usted no hay peligro) y con su mejor cara le recita lo siguiente, tomé nota: “Señor, vengo a informarle que a su casa la desvalijó la “sensación de inseguridad”. O si no esto otro: “Señora, las investigaciones realizadas nos llevan a sospechar que a su marido lo secuestró la “sensación de inseguridad”. Pero en la cara se lo dice, ¿eh? ¿Qué le parece? ¿Se anima? Dele.
Eso sí, llévese protector bucal porque es bastante probable que tenga que ir a buscar su preciada dentadura bastante lejos. Y si por esas cosas le queda ardiendo la cara no le de bola, va a ser solo una “sensación de dolor”.

miércoles, 14 de enero de 2009

Hay que pasar el verano...

Llega el verano y los medios repiten como todos los años sus infalibles recetas para combatir tanto calor y aburrimiento. Son dos meses en los cuales la argentinidad al palo, la frivolidad y el glamour son retratados por las revistas o transmitidos en vivo por cadena nacional. Es inevitable.

Vayamos al caso de la televisión. De pronto, programas serios se ponen de acuerdo para mostrar usos y costumbres de los veraneantes argentinos. Cuestión importante, si las hay. Un abnegado movilero apostado en alguna playa de la Costa agarra al voleo (o no) a cualquier turista y lo somete a un cuestionario profundo con preguntas del tipo “¿cuándo llegó?”, “¿hasta cuándo se queda?”, “¿ya fue al mar?”, “¿qué tal la están pasando?”, “¿cómo los está tratando el tiempo?”, “¿cómo encontró los precios?”, “está fuerte el sol, ¿no?”, “¿ya se sacaron fotos con los lobos marinos?”, “¿fueron a ver algún espectáculo?”. Si las víctimas de la cámara son tentadoras señoritas en edad de merecer, el interrogatorio suele adquirir ribetes más intimistas: “¿qué hacen a la noche?”, “¿los chicos están muy lanzados?”, “¿a dónde van a bailar?”, “¿cuál de ustedes tiene más arrastre?”, “¿a qué hora llegan a la playa?”. Y las niñas, entre risitas bobas y frases insustanciales, ingresan alborotadas al hall de los 5 minutos de fama, rogando que algún familiar las esté viendo para grabar ese instante memorable. Y si las pesca Dotto o Piñeiro, mejor.
Y un buen movilero tiene que estar preparado por si el día pinta fulero. Debe ser un todo terreno. Debe sacar de la galera el típico cuestionario “para día lluvioso”: “hoy no hay playa, ¿no?”, “¿cuál es el plan para un día como hoy?”, “¿a dónde llevan a los chicos?”, “al mal tiempo buena cara, ¿no?”. Me dejan sin palabras.
Pero todo esto queda pequeño frente a lo que ya es un verdadero clásico: no hay cosa más importante, pero importante en serio, que saber cuál es el primer auto del año en arribar a la rotonda de Mar del Plata. Saber de dónde viene, hacia dónde va, a qué hora salieron, si se alojarán en hotel o casa, cómo se compone ese grupo familiar...
Tampoco puede faltar un buen móvil en Aeroparque o en la Estación Terminal de Retiro cada cambio de mes o de quincena. Es otro must del verano. Las preguntas parecen haber sido redactadas por algún servicio de inteligencia: “¿A dónde van?”, “¿Cuántos días se quedan?”, “¿Van con mucho equipaje?”, “¿Llevan a la abuela?”¿y al loro con quién lo dejaron?, etc... Y la pobre gente está tan feliz de poder rajarse de este infierno de Buenos Aires que es capaz de vomitar hasta la clave de la tarjeta de crédito.
Y ustedes imaginan confiados que en la tanda publicitaria encontrarán el alivio. Error. Abundarán los típicos comerciales en los que chicas y chicos lindos terminan en multitudinario baile playero al ritmo de algún reggae de fácil digestión.

Enfoquémonos ahora en los diarios y las revistas. Paso frente a algún kiosco y me detengo a ojear las tapas de las revistas de actualidad. “Estas son las colas del verano”, reza la portada de una. Qué raro, yo pensé que las colas del verano eran las que hacían los viejitos bajo los rayos del sol para cobrar la jubilación. “Presentamos en exclusivo a las diosas de Punta”, dice otra. “Lo ‘in’ y lo ‘out’ del verano”, anuncia otra publicación de esas que se dedican a bucear en la tilinguería argentina. Y allí se puede leer cualquier cosa. Como que está de súper onda llegar a la playa en elefante, tomar sol con bufanda, ir a bailar vestido de aviador, llevar el celular colgado del culo o tirarse pedos de costado y ventilarlos con una ojota de color rosa. Y si hasta acá esto no te afecta, recibís un baldazo de agua fría al enterarte unas líneas más abajo que está demodé ponerle limón a las milanesas o pasarle el pan al tuquito de los ravioles. Un garrón. Por supuesto, el artículo aclara que quien no cumpla con estos mandamientos pasará inmediatamente a militar en la categoría de “grasa” y será ninguneado por sus pares. Dicho sea de paso, si tenés entre 18 y 30 años ni se te ocurra aterrizar en la playa antes de las 16 horas porque no te vas a poder “levantar” ni a una mina de lápiz. Es recontra “out”.
Amigas y amigos, me encantaría explayarme más sobre este apasionante tema pero los tengo que dejar. Está por empezar un magazine de la tarde en donde van a hablar de la guerra de las recaudaciones en Mardel. Y no me quiero ir a dormir sin saber si Nito metió mas público que Carmen o si Gerardo vendió dos butacas y media más que el Chueco. Hasta la próxima.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Te invito a mi fiestita

Las Fiestas...
Las Fiestas a veces se presentan más como un contratiempo que como un motivo de alegría y festejo. Más como un disparador de rivalidades y envidias que como un motivo de encuentros. “Que mi vitel thoné estaba más rico que tu ensalada rusa”, “que tu pollo estaba rancio”, “que mi pan dulce estaba más fresco que el que trajiste vos”, “que cómo hace tu cuñadita para estar siempre bronceada...”. Y a esto hay que agregarle el destino siempre incierto de los hijos casados, que son disputados entre las familias políticas como trofeos de caza. De pronto aparecen esos parientes que vemos –justamente- una vez por año y que no tienen porqué caernos bien. “Che, le dije al primo de Josecito que viniera para Nochebuena”, te avisa tu jermu unos días antes. “¿No te jode, no?”. Y por más que te joda, ya está, ya lo invitó. “Ta bien...”, le contestás resignado, “...pero decile que se bañe, ¿eh?. La ultima vez vino con un olor a chivo que volteaba elefantes”.
El cronograma de esos controvertidos cuatro días suele presentarse complicado y las “sedes” se disputan como en un mundial de fútbol. Se negocian como en las paritarias. Nochebuena en lo del tío Paco, Navidad en lo del primo Ricardo, Fin de Año acá en casa y Año Nuevo en lo de la tía Clota, que vive en Florencio Varela y tiene la Pelopincho para que los pibes, al menos, se puedan refrescar. Y se baja el martillo.

Ya reunidos, todos tratan de poner su mejor sonrisa y olvidar las pequeñas rencillas. Es momento de balances y las conversaciones giran en torno a lo que ocurrió durante el año, más bien tirando hacia la última mitad; el primer semestre parece tan lejano como el día en que murió Gardel. De la soja ya ni nos acordamos, pero aún está fresco el caño de Tinelli y la performance de Pampita en el cultural programa de Marcelo. Entre tema y tema no pueden faltar los lugares comunes. "Cómo pasó el año, ¿eh?", dispara alguien para quebrar un bache de silencio. Una tía entrada en años –y en copas- pide bala para los delincuentes, mientras que un sobrino progre trata –en vano- de explicarle que los chorros son víctimas de la exclusión social. “Esta crísis global nos afecta a todos”, opina preocupado un tío excedido en kilos, con media pechuga de pollo asomándole entre los dientes. Los desubicados tampoco pueden faltar a la cita. “Che, vos cada Navidad con una novia nueva, ¿eh?”, le lanza una tía a su sobrino delante de la propia chica, generando un silencio que se corta con un cuchillo. Y si de meter la gamba se trata, otro pariente totalmente borracho revela sin pudor un secreto familiar guardado por más de 50 años. Mientras tanto, el calor arrecia y la abuela protesta airadamente porque no le llega el aire del turbo.
Lo cierto es que todas las discusiones y disquisiciones quedan automáticamente sin efecto al sonar la primera campanada de las 12. Como si se reseteara todo. Y acá surge otro pequeño inconveniente: hay tantas horas oficiales como relojes presentes. “¡Ya son las doce!”, anunciás vos eufórico. “¡¡No!!, faltan dos minutos”, te frena una tía que se niega a brindar hasta que “su” reloj no lo indique. Una vez puestos todos de acuerdo empieza el griterío desordenado, chocan las copas y todos se desean lo mejor para esa Navidad o para el año que recién comienza. Y no siempre empieza bien para todos. Nunca falta el niño que irrumpe llorando y con la mano ensangrentada porque un petardo le estalló antes de tiempo. Lo que sigue son minutos de tensión hasta que el padre llama desde la guardia del hospital para avisar que la criatura no ha dejado ninguna falange en el camino.
El final de fiesta es casi siempre el mismo: los menores de 30 se rajan a bailar o a juntarse con sus amigotes ni bien la aguja cruza las doce y los mayores quedan echados a la espera de una grúa que los pueda levantar. Cualquiera que se asome a la cocina verá la barbaridad de comida que sobró; y no es de extrañarse: todo se cocina para 20. Vitel thoné para 20, melón con jamón para 20, empanadas para 20, ensalada rusa para 20, pollo para 20, matambre para 20, etc, etc, etc... No hay ser humano que pueda ingerir semejante cantidad de comida en una noche (y encima de calor; no estamos en Finlandia). El criterio es un don que brilla por su ausencia en las Fiestas.
Es así la cosa...
Y ahora hablando en serio, entre las dos fiestas me quedo sin dudas con la de Fin de Año. Tal vez porque significa un balance de lo que pasó, de lo que se logró, de lo pendiente, y porque es una vuelta de página.
En lo que a mí respecta, 2008 estuvo muy ligado a las emociones y a los reencuentros. Y como siempre, a la música. Por eso, para despedirlo nada mejor que dos obras maestras de quien ha inspirado el nombre de este blog.
Los dejo con El Flaco.

Nueva Luna, Mundo Arjo.

Con Los Socios del Desierto haciendo una versión de Como el viento voy a ver, de Pescado Rabioso.
FELIZ 2009