Esta es mi tribuna de opinión frente a los grandes temas nacionales. Bueno... algunos no tan grandes. También hay un poco de humor, anécdotas, comentarios sobre música, en fin... boludeces. ¡¡Den la cara, si son guapos!!
Ya sé cómo viene la mano. Para mí que Pinti se muere de
ganas de que lo hagan mierda en “678” o de que lo escrache la Presi en Cadena
Nacional. De otra forma no se explica este salto al vacío. Decirle “loca” a Cristina...
Un masoca, el tipo.
Como corresponde, el rápido de Aníbal ya salió a cruzarlo. “Hace humor de dudosa calidad”, le tiró. Qué increíble, para mí que el senador se pasa las 24 horas escuchando y leyendo cuanto
reportaje opositor o farandulesco haya por ahí. Está al día con los chismes. Conjeturas al margen, lo cierto es que llama
la atención cómo algunas figuras consagradas y talentosas pasan a ser calificadas de “mediocres”
apenas cruzan la raya.
Preparate Enrique, vos te la buscaste. En cualquier momento te cae la AFIP y, es más, la soldadesca nac & pop ya debe estar buscando fotos tuyas con
Videla, Massera o dándole la mano a algún cabo de la Federal el día que fuiste
a renovar la cédula.
Ah,
pero... cómo... Pará un cachito... empecemos de nuevo porque no entiendo nada. ¿No
habíamos quedado que quejarse de la inseguridad era un asunto de la derecha
cipaya, vendepatria y destituyente? ¿Qué hacen, entonces, Rossi, Navarro,
Pérsico y compañía marchando por las calles de Rosario pidiendo que afloje la
delincuencia? ¿No había quedado recontra aclarado que lo de la inseguridad era
solo una “sensación”, un invento de Clarín y TN? Ahhhhhh, ya sé... ahora caigo: es una “sensación” siempre y
cuando esa provincia o distrito esté gobernado por el kirchnerismo. No es el
caso de Santa Fé, por supuesto, comandada por gente muy, pero muy mala. Ahora sí lo
entendí. Qué pavote que soy. Debería leer más sobre usos y costumbres de los políticos argentinos.
No
puedo precisar en qué momento exacto de mi adolescencia empecé a escuchar a
Luis Alberto Spinetta. Supongo que fue allá por mediados de los setenta, cuando
armábamos aquellas grabaciones truchas en la casa de un amigo de la primaria.
Recuerdo la furia y la crudeza de “Post-crucifixión”,
el primer tema de Lo Mejor de Pescado
Rabioso, álbum recopilación editado en 1976. Lo escuchábamos una y otra
vez. Qué riff, mamita. Entre tanto vinilo desparramado también andaba por ahí el primero de Invisible, el de
la tapa con el charco de Escher. Recuerdo la exquisitez jazzera de “Jugo de lúcuma”,
con un comienzo que se hacía rogar porque antes había que fumarse una
interminable introducción con sonidos de misterio. Ni hablar de “Irregular”,
otra pieza que ponía en duda que eso fuera hecho en Argentina y por flacos que
apenas sobrepasaban los veinte años. Tan increíble como componer un tema
llamado “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”. ¿A
quién se le podía ocurrir? A Spinetta y compañía, sin dudas.
Luego
llegaron a mis oídos el segundo y tercer álbum de Invisible, Durazno sangrando y El jardín de los presentes respectivamente. El que no tuviera acceso a las placas originales
podía pescar algún que otro tema en la radio a través del programa Embajadores Ventil o en el Flecha Juventud de Badía. En esa época
ya existían las radios con reproductor de cassette, y era cuestión de permanecer
atentos para apretar “REC” apenas sonara el tema que estábamos
esperando. El Jardín de los presentes contaba, además, con una especie de ancho
de espadas, ese maravilloso himno tanguero-futurista que fue -y es- “El anillo
del Capitán Beto”. Mi fanatismo por Guillermo Vilas y la letra del tema me
inspiraron para dibujarlo tripulando una nave espacial con forma de raqueta. Con
el banderín de River, por supuesto. El músico y el tenista eran amigos y se admiraban mutuamente. Quién
te dice que no haya sido el gran Willy el
que me llevó a Spinetta. Ahora que lo pienso...
El
mismo Vilas fue el artífice de Only love can sustain, el único disco del Flaco cantado en inglés y grabado en los
Estados Unidos. Es más, Willy había escrito la letra del tema “Children of the bells”. El trabajo tuvo poca difusión en la Argentina y las críticas fueron impiadosas, pero a mí me gustaba porque tenía una fuerte impronta funk y soul.
Hasta en eso lo banqué. Un par de años antes había visto la luz A 18’ minutos del sol, un álbum súper elaborado y quizás el
precursor de lo que sería el futuro sonido de Jade. Ya empezaba a acompañarlo
en teclados el genial Diego Rapoport. “Toda
la vida tiene música, hoy”, anunciaba el corte número 6. Una declaración de principios.
La
poesía del Flaco también me deslumbraba y despertaba en los que estaban a mi
alrededor todo tipo de reacciones, buenas y no tanto.
“No entiendo las letras, qué querés que
te diga”, fue siempre la respuesta de algunos amigos ante la sola mención
de la música de Spinetta. Y eso que no habían ojeado su críptico libro de
poemas “Guitarra Negra”, el que todavía conservo junto a los de Vilas. Yo evitaba contradecirlos porque aún hoy creo que sus coloridas metáforas no tienen explicación. Forman parte secretamente del imaginario de cada uno.
El desembarco de Spinetta Jade fue, en cierta medida, el broche de oro de una
evolución musical -a nivel nacional y personal- que también involucraba a La
Máquina de Hacer Pájaros y a Serú Girán. Como para no alcanzar el Olimpo de la
perfección con monstruos de la talla de Diego Rapoport, Beto Satragni, Leo Sujatovich,
Frank Ojstersek, César Franov, Lito Epumer, el Mono Fontana y Pomo Lorenzo, entre otros. A
propósito de este último, nunca le perdoné al Flaco haberlo cambiado por una
batería digital en Madre en años luz.
Unas cuatro o cinco veces fui a ver a Jade en vivo. Record para mi
escasa concurrencia a recitales. Temas como “Amenabar”, “La diosa salvaje”,
“Digital Ayatollah”, “La herida de Paris”, “Un viento celeste”, “Vida siempre”,
“Bajo Belgrano”, “Mapa de tu amor” y “Amarilla flor” pasaron a convertirse en faros musicales que
alumbraban el camino a seguir. También lo fueron los álbumes Kamikaze y Mondo di cromo, editados en paralelo a Jade y con la colaboración de
algunos miembros de la banda. Descubríamos el sonido cristalino de la guitarra Ovation. La canción llegaba hasta el sol.
Tras
la separación, el Flaco sacó a la cancha al exquisito Privé, aunque para mi personalísima y humilde opinión, el prolífico Spinetta
que vino a partir de aquí no fue todo lo parejo que había sido hasta ese
entonces. Repito, para mi gusto. Igual no me importaba. Los grandes artistas son como esos genios del
fútbol que no tocan la bocha en todo el partido pero en dos jugadas te lo definen. Por
eso me alcanzaba con obras maestras como “La bengala perdida”, “Como un perro”,
“Ganges”, “Dime la forma”, “Fina ropa blanca”, “Mi sueño de hoy”, “Adentro tuyo”,
“Correr frente a ti”, “Canción de noche” y muchas otras.
Escribir
en pocas líneas cómo arrancó mi pasión por Luis Alberto Spinetta fue algo que
me impuse como condición antes de que se termine 2012. Quise que sea el último
post del año de este blog cuyo nombre, ya de por sí, es un homenaje a él.
“Un
sueño de luz, como un amanecer, no pasará al olvido...”
Poseída
del alba/Credulidad/Despiértate nena/Post-crucifixión
Pasó la Navidad, pronto llega el Año Nuevo y en el
medio uno se pone nostálgico y evocativo, ¿vio? Sobre todo acuden a la mente
aquellas cosas que recordamos con mucho cariño. Y una de ellas es la televisión
que mirábamos cuando éramos chicos. Ya hablé en su momento de los Autos Locos,
de Jonny Quest y de Batfink, series de dibujos animados que alegraban mis años
previos a la pubertad. Esta vez voy dejar por un rato de lado a los personajes
creados por Hanna-Barbera, Hal Seeger y compañía para referirme a otro boom de
fines de los ‘60: las marionetas. ¿Las tienen? Se trataba de muñecos que apenas
movían sus brazos, su cabeza y sus labios, pero nos sumergían en mundos e historias
llenas de imaginación y fantasía. Me acuerdo del Capitán Marte y el XL5, de Supercar,
de Stingray, de Thunderbirds, de Joe 90...
Pero sin dudas, la serie que más me atrapaba era el Capitán Escarlata. Vayan haciendo memoria los cuarentones. Y los
cincuentones también.
El Capitán Escarlata (Captain Scarlet and The
Mysterons, en inglés) fue una saga de ciencia ficción y aventuras creada
por Gerry Anderson y su compañía de televisión Producciones Siglo 21. Se estrenó primero en el Reino Unido y la
transmisión estuvo a cargo de la cadena televisiva ATV Midlands, poniéndola al aire entre septiembre de 1967 y mayo de
1968.
Pero vayamos al argumento. La
historia arranca en el año 2068, cuando la organización de seguridad Spectrum
manda una misión tripulada al planeta Marte para investigar unas señales
recibidas desde la Tierra. Aquel grupo, comandado por el Capitán Black, cree
erróneamente que sus habitantes son hostiles y sin decir “agua va” descarga
artillería pesada sobre una de las ciudades marcianas. A pesar de los
devastadores efectos del bombardeo, la ciudad es asombrosamente reconstruida en
cuestión de segundos.
La
cosa, por supuesto, no queda ahí ni mucho menos. Enojados, los marcianos le
declaran la guerra a la Tierra y con sus poderes deciden adueñarse del cuerpo y
la mente del Capitán Black. El objetivo es utilizarlo como mano de obra para
ejecutar su plan de venganza.
El
personaje principal, el Capitán Escarlata, también cae bajo el control y las
órdenes de los habitantes de Marte, pero durante una misión encargada por los
aliens sufre un gravísimo accidente y se libera del influjo. No solo eso,
adquiere la habilidad de los marcianos de reestructurar su materia, lo que a
partir de aquí lo convierte en un ser indestructible. Es él, entonces, quien se
pone al frente de la lucha contra los invasores.
Curiosidades de la
serie:
Cada uno de los personajes vestía el uniforme del
color de su nombre.
Los marcianos eran entes aparentemente incorpóreos. Su
presencia en la tierra era representada con dos círculos de luz y solo se
escuchaba su penetrante y aterradora voz.
Spectrum se encontraba suspendida por encima de las
nubes. El jefe o director era el Coronel White.
Cada vez que los miembros de Spectrum se comunicaban
entre sí, el micrófono bajaba del casco y se acercaba a la boca. Al terminar la
comunicación, el mismo regresaba al casco o la gorra en forma automática.
Los vehículos de la organización eran totalmente cerrados y blindados,
por lo que la visión hacia el exterior se realizaba mediante una pantalla de
televisión. Otra curiosidad: manejaban mirando hacia atrás.
La fuerza aérea de Spectrum estaba integrada por
mujeres: los Ángeles Melodía, Sinfonía, Rapsodia, Armonía y Destino.
Como separador de escenas se utilizaban siete golpes
de tambor.
Frases más recordadas:
“Los
marcianos, enemigos declarados de la tierra, pueden reproducir con exactitud
cualquier objeto o persona. Pero antes... ¡¡deben destruir!!”, arrancaba la
voz en off durante la intro de la serie.
“Encabeza la lucha
contra los marcianos un hombre a quien el destino ha hecho indestructible. Su
nombre: Capitán Escarlata”, culminaba la misma voz.
“Esta es la
voz de los marcianos, sabemos que pueden oírnos, terrícolas...”, y a continuación
seguía el anuncio o la amenaza que realizaban los temibles aliens, acompañada
de los mencionados círculos de luz.
De
las bandas extranjeras de rock sinfónico -o progresivo- que reinaron durante
los ’70, una de las que más me sacudía era Genesis. Pasan los años, pasan las décadas
y su sonido me sigue conmoviendo como el primer día. No hay con qué darle.
El
mejor Genesis estaba compuesto por Peter Gabriel en voz, Steve Hackett en
guitarra, Mike Rutherford en bajo, Tony Banks en teclados y Phil Collins en
batería. Con esta formación le dieron vida a “Selling England by the Pound” y al doble “The Lamb Lies Down on Broadway”, entre otros discazos de la época.
Con
el tiempo hubo separaciones. Primero se fue Gabriel, luego lo hizo Hackett y
cada cual se fue abriendo su propio camino en solitario, incluidos los tres
integrantes que permanecieron en la banda. A pesar de la popularidad, el
talento y el carisma de Gabriel, mi atención se centró casi exclusivamente en
el trabajo solista de Hackett. Tal vez porque componía un personaje más enigmático. Tal vez porque la melancolía de su guitarra me
traía las reminiscencias de aquel Genesis de los primeros tiempos. Y méritos no
le faltaban para ser el continuador de un sonido que con Banks, Rutherford y
Collins ya no sería el mismo. Escúchenlo.
Estimados seguidores de este blog, últimamente no ha habido mucha inspiración humorística ni literaria, pero sí fotográfica. Por eso les dejo un link donde podrán ver un reciente e informal relevamiento fotográfico que realicé a lo largo -y a lo ancho- de gran parte de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires. Más detalles aquí o en el epígrafe de la foto.
La primera imagen que viene a la mente al escuchar
la penetrante voz del cantante Mario Biondi es la del inolvidable Barry White. En
todos los aspectos. Al menos a mí me pasó eso cuando lo descubrí. Pero lo
curioso y sorprendente es que Biondi no es norteamericano ni negro sino blanco...
e italiano!!
Mario nació hace 41 años en Catania, Sicilia y se
dio a conocer a través de uno de los mejores sellos en cuanto a jazz y soul se
refiere: el también italiano Schema Records. Su álbum debut fue el jazzero Handful of soul (2006), grabado con el
acompañamiento del High Five Quintet y el cual vendió más de 400.000 copias en
todo el planeta. Sin embargo, Biondi decidió abandonar a este prestigioso sello
para dedicarse a una música más emparentada con el soul y el pop. Al año
siguiente grabó un álbum en vivo, I love you
more live,
en el que también fue acompañado por el High Five Quintet. En 2009 apareció el disco de estudio If, en 2010 produjo un nuevo registro en
vivo tituladoYes you live (esta vez sin los High Five
pero con la colaboración de Incognito),
en 2011 salió a la luz Due, y ese mismo año su viejo sello Schema
Records editó Change of Scenes,
una reedición de Handful of Soul con temas inéditos y nuevas versiones. Los
dejo con su voz...
Life is Everything, del
álbum Due.
Lowdown, del álbum Transatlantic RPM de Incognito.
No voy a dar demasiadas vueltas; los amantes del nu jazz, del smooth, del
acid, del funk y de la corriente chill out no deben dejar de escuchar a esta formidable banda: Four80East. Yo sé lo que les digo. Tiene un sonido exquisito.
¿Quiénes son estos “ilustres desconocidos”? Four80East es una agrupación
nacida en la ciudad de Toronto, Canadá, y está formada por Rob DeBoer en
teclados, guitarra y bajo, Tony Grace en percusión, y son acompañados por
varios músicos de sesión. Hasta la fecha cuentan con seis trabajos: The Album
(1997); Nocturnal (2001); Round 3 (2002); En Route (2007); Roll On (2009, a mi gusto el menos contundente) y el reciente Off
Duty (2012). Me gustaría compartir aquí todos sus temas, pero como muestra dejo
sólo tres. El resto descúbranlo ustedes. No se van a arrepentir.