lunes, 26 de abril de 2010

Los RR.PP. ad honorem

Organizar un evento es algo complicado. Y cuando digo evento no me refiero a una cena para 500 personas en la Embajada de Francia o un desfile de modas en Punta del Este (ojalá, al menos se ganaría algo de guita). Estoy hablando de una simple salida de amigos, asado, despedida de año, o fin de semana largo. Es que entre otras cosas hay que elegir el lugar, avisarle a la gente, hacer los números, confirmar asistencias, hacer compras, convencer a los díscolos y soportar disconformidades e informalidades.
En cualquier grupete de amigos, este tipo de tareas va recayendo naturalmente en una o dos personas a las que de aquí en más voy a llamar “los responsables”. Los responsables son los que siempre están, los que no fallan nunca, los más criteriosos, los más organizados y los que tienen buen feeling con todos. El resto se podría dividir en dos grupos: los que se arriman a los responsables aportando ideas (a veces boicoteándolas) pero sin comprometerse demasiado y los que directamente esperan que les llueva el maná del cielo.

TRABAJO INSALUBRE
El rol del responsable es tratar de que todos asistan al evento en cuestión. Tiene que ser un poco seductor, un poco publicista (para promocionar el evento) y también un poquito mentiroso. Y sí, porque algunos invitados condicionan su presencia a la de otros y, para que no decaiga el entusiasmo, el responsable tiene que disimular ausencias o contar como seguros a los eternos indecisos. “Ay ¿no sabés si van Jime y Rodri?”, te pregunta alguna con un preocupante tono de voz que desnuda intenciones. “...Porque al resto no los conozco mucho, ¿viste?”, te lloriquea esta bombacha fruncida. Ojo que a veces se da al revés: está el que no quiere ir porque entre los participantes hay uno al que no digiere ni con un té de yuyos. Y estas situaciones son de alto riesgo, porque una sola deserción es capaz de generar un catastrófico efecto dominó que puede dinamitar la reunión. “¿Tenés idea más o menos cuánto va a salir la cena?”, te pregunta otro que al parecer sólo moverá el culo si los costos le cierran. Hay dos opciones: tomarte el laburito de llamar al lugar y pedir presupuesto o mentirle y después que garpe lo que sea. Es cierto también que la tecnología llegó en auxilio del abnegado responsable. Pensá que antes se organizaban las salidas por teléfono. A fulanito había que llamarlo al trabajo, a menganita sólo la encontrabas de noche... Eran horas y días que se perdían. Hoy por hoy con un SMS o un mail en cadena se soluciona todo. Muchachos, el programa es este y a la mierda.

LOS DESERTORES
Y una vez todo abrochado, empiezan a aparecer otros inconvenientes. Porque la modernidad, además de tecnología, trajo también dos palabritas que juntas suenan como una bomba Molotov en los oídos del responsable: “me bajo”. O sea: a donde alguien iba a ir, ahora no va. Me bajo de la cena, me bajo del asado, me bajo de las vacaciones... de lo que se te ocurra. Es fácil y cómodo, al no ser precisamente “los responsables”, tienen libertad absoluta para pegarle el volantazo a sus planes. No tienen que dar explicaciones a nadie más que al organizador, quien aunque se haya levantado con 40 de fiebre tendrá que concurrir igual porque es el que se ocupó de la carne, el pan, las bebidas, el carbón, y de pasar a buscar a una prima que vive en Ezpeleta.
Esta suerte de tripulantes que abandonan el barco se pueden clasificar en dos grupos. Por un lado se alistan los “no responsables-responsables”, esos que “se bajan” una semana antes dándote margen de maniobra, y por otro los “no responsables-informales”, esos que te plantan 5 minutos antes porque les cayó mal un yogur descremado, se le inflamó un testículo al gato, o tiene a la nena con fiebre (la temperatura de los niños siempre es inversamente proporcional a las ganas de concurrir a un evento). Por supuesto, la duda sobre la veracidad de la excusa no te la saca nadie, pero eso es harina de otro costal.

MUESTRAS DE INGRATITUD
El esperado evento por fin se lleva a cabo y, palabra va, pedazo de comida viene, comienzan a arreciar las quejas. “Che, ¿no consiguieron vacío?”, va a protestar alguno si la onda viene de asado. “Chicos ¿quién fue el de la idea de reservar en este lugar? No... digo... porque yo conozco un bolichito acá cerca que es más copado. Me hubiesen preguntado...”, chillará otra que jamás movió el orto en su vida pero, eso sí, para cacarear con el resultado puesto está siempre al pie del cañón. “¿No había de otro tono un poco más clarito?”, preguntará desconforme alguien al ver la blusa que le regalaron en conjunto a la cumpleañera y de cuya compra se tuvo que encargar ¿quién sino?: el responsable. “¿Este era el único servicio? Porque por unos pesos más por ahí viajábamos en el coche cama y la comida era mejor”, se quejará un caradura que en su momento eludió encargarse de los pasajes por que no tenía con quién dejar al canario.

CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE
El controvertido evento llega a su fin y volvés a tu casa con la promesa de no organizar más nada en lo que resta de tu puta existencia. “¡Que de ahora en más se encargue fulanito!”, vociferás caliente a los cuatro vientos. Pero no es tan sencillo, la realidad te va a estampar de jeta contra el famoso dicho “es difícil que el chancho chifle”. Expresado de otra manera: todos van a seguir mirando para otro lado esperando que vuelvas a encargarte vos. Y seguramente lo vas a hacer, porque tu vocación de organizar bien las cosas es tan fuerte como la actitud de los demás de hacer la plancha. Es así, está en tu naturaleza. De todas maneras no te quedes con las ganas de, aunque sea una vez, patear el tablero y rebelarte. Estaría divertido. Sería una buena oportunidad para decirle a tus amigos: “chicos, lamento informarles que ‘Eventos El Gil’ cerró un par de meses por vacaciones”.

domingo, 11 de abril de 2010

Un viento celeste... y gratificante


Spinetta Jade, la banda liderada por El Flaco a principios de los ’80 no hizo temas malos. Así de terminante. Pero si tuviera que armar un “Grandes Exitos”, la joyita que sigue a continuación entraría de cabeza. El tema en cuestión pertenece al álbum “Los niños que escriben en el cielo” y la formación de ese entonces era:

Luís A. Spinetta: guitarra y voz
Diego Rapoport: teclados
Frank Ojstersek: bajo
Leo Sujatovich: teclados
“Pomo” Lorenzo: batería

No se pierdan el solo de Diego Rapoport, a mi gusto uno de los puntos más altos del disco y de toda la carrera de Jade. A Rapoport lo encontré hace unos 3 años tocando jazz en un café de Bariloche y no me animé a acercarme para decirle todo lo que lo admiraba.


UN VIENTO CELESTE

Tienes poco tiempo para explicarte
todos los enigmas que te rodean,
llevas en tus manos la piel,
abre los ojos y toma el cielo.

Sólo una vez más nacerás,
dentro de un viento celeste que va.
Mientras danzas con tu sombra...

Tienes poco tiempo para encontrarte
en la inmensidad de la que venimos,
hazle la pregunta a la piedra,
su respuesta esconde un cuerpo.

Sólo una vez más nacerás,
pero dentro de un viento celeste que va.
Mientras danzas con tu sombra...

jueves, 8 de abril de 2010

¡¡Aflojen con el cassette!!



Desde hace ya algunos años se viene dando el curioso fenómeno de los futbolistas que se vinculan sentimentalmente con modelos o vedettes. Cada vez con mayor frecuencia. No voy a analizar aquí el porqué de esta moda ni es de mi incumbencia. De lo que sí estoy seguro es que tienen algo en común: las frases hechas y las declaraciones para la hinchada.


SACANDOLA AL CORNER
Frases que todo trabajador de la pelota en algún momento de su carrera supo deslizar frente a un micrófono:

“Vine a este club para sumar” (y sí, para restar no lo va a contratar nadie).
“Entiendo a los hinchas, esta es una institución grande y siempre quieren que salgas campeón” (más vale; nunca escuché a una hinchada gritar que quieren salir quintos o sextos).
“Estoy a las órdenes del técnico y si me toca ir al banco voy a respetar su decisión” (después de 6 ó 7 partiditos en el banco hablamos).
“Estamos haciendo todo lo posible para revertir esta situación” (aclaración para que la barra brava no vaya a “visitarlos” a la concentración, digamos).
“Esta vez me tocó convertir, pero lo que importa es que el equipo se lleve los tres puntos” (...y que mientras la emboque, el técnico no me freeza en el banco, je).
“Después del gol, ellos se metieron todos atrás”.
“Cualquiera que entre va a tratar de hacer las cosas bien” (es verdad, no escuché a ningún jugador que sueñe con hacer un gol en contra).
“De aquí en adelante nos quedan todas finales”.
“Lo que se habla en el vestuario queda entre nosotros” (no siempre, a veces hay algún indiscreto que destapa la olla).
“Los clásicos son un partido aparte”.
“Me encontré con un excelente grupo humano” (en cuanto pierdan 3 al hilo se convierte en un conventillo).
“Ellos están comprometidos en la tabla y van a dejar todo”.
“Ellos no tiene nada que perder y van a salir sin presión”.
“De esta situación sólo se sale trabajando en la semana” (y para eso se inventó la semana, para trabajar).
“El triunfo se lo dedicamos a la gente que vino a alentar”.
“Todos sabemos que esa es una cancha difícil” (¿qué será una cancha difícil? ¿tendrá obstáculos?).
“Todavía no podemos hablar de campeonato, hay que ir despacio”.
“Todavía tenemos chances matemáticas. Que el hincha se quede tranquilo que de aquí al final del torneo vamos a dejar todo”.
“Fue un resultado injusto porque nos llegaron solamente dos veces” (pero la embocaron).
“Creo que entendimos el mensaje del técnico”.
“Sentimos el trabajo de la pretemporada” (excusa para explicar porqué los pasaban como alambre caído).

NO SOY SOLO UN CULO BONITO
Declaraciones insustanciales que toda modelito o vedetonga en ascenso supo hacer en algún medio gráfico o televisivo:

“Me gusta hacerlo en todas las posiciones”.
 “De los hombres me seduce la inteligencia” (sí, pero no creo que le de calce a un gasista o a un albañil con el coeficiente intelectual de Einstein).
“De mi actual novio me atrajo su paz” (sí, cuando garpa no se le mueve un pelo).
“Aunque te parezca mentira, los hombres elogian mucho mi sonrisa”.
“No me gustan los chicos demasiado lindos” (aunque si tiene la billetera abultada se puede hacer una excepción).
“Soy muy celosa y posesiva, si se meten con mi pareja soy capaz de matar”.
“Me excita que me celen”.
“Me molesta que me digan botinera”.
“No perdonaría una infidelidad”.
“No me engancho en las peleas mediáticas” (salvo que haya unos pesitos).
“En este ambiente hay mucha competencia”.
“Por ahora no quiero ser madre, estoy abocada a mi carrera” (a estar 2 minutos en la tele ya le llaman “mi carrera”).
“Todavía no entregué la colectora” (la chica tiene límites).
“Los argentinos son especiales” (si la entrevistada es un toga foráneo).
“No te creas que soy una femme fatal, sufrí mucho por amor”.
“Haría una tapa de Playboy si está bien cuidada”.
“Estoy sola, no encontré el hombre que me haga vibrar”.
“Los hombres me ven exuberante y escapan, pero en el fondo soy muy sensible y hogareña”.
“Nunca tuve propuestas de mujeres”.
“Marcelo todavía no me llamó pero me encantaría estar en su programa” (paciencia, 2 ó 3 escándalos más y lo logramos).
“Mi sueño es hacer el amor en un yate”.
“Nunca me acosté con alguien para llegar”.
“Nunca tuve sexo por dinero”.
“De chiquita era la más fea del grado” (niñas feas: tengan esperanza).

viernes, 2 de abril de 2010

Momentos inolvidables de la buena TV...


En el capítulo 3 de la primera temporada de la serie Los Simuladores (2002), Santos, Ravenna, Medina y Lamponne deben hacer que los accionistas de una compañía láctea venidos desde México reincorporen a un viejo y fiel empleado de la misma.
Uno de ellos resulta ser un homosexual reprimido (el personaje se llamaba Pedro Velazco) quien durante el operativo de simulación se enamora perdidamente de Medina (Martín Seefeld). Una de las escenas finales transcurre con los dos solos en un ascensor, donde Medina se le acerca a Velazco y, con Abba sonando de fondo, le come la boca de un beso (era parte del operativo).
En el capítulo 3, pero de la segunda temporada (2003), Medina vuelve a encontrarse inesperadamente con el empresario mexicano, esta vez en una fiesta de disfraces. A pesar de las máscaras, Velazco lo reconoce, dando lugar a una de las escenas más graciosas y recordadas de la TV en los últimos tiempos. ¿Se acuerdan cuál era la famosa frase que inmortalizó el mexicano? Aquí está:

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Qué estás pensando?


Para los que aún no lo saben, la famosa red social Facebook tiene varias e interesantes aplicaciones. Permite encontrarnos con amigos o con gente que hace mucho que no vemos, permite mostrar nuestras fotos, ver las de nuestros amigos, comentarlas, subir la música que nos gusta, chatear o comunicarnos por correo electrónico. Y también nos da la opción de publicar una frase que sintetice lo que estamos haciendo, nos está pasando o estamos sintiendo en ese momento. Dicho texto aparecerá en un lugar destacado de nuestro perfil y en las “noticias” de la página de inicio. Por supuesto lo pueden leer y comentar todos aquellos que sean nuestros contactos, o miles de personas si decidimos que nuestro perfil sea visible para todo el mundo.
En mi caso, después de estar un año y medio conviviendo en esta red social, he visto ya infinidad de frases y confesiones. Graciosas, originales, útiles, conmovedoras y otras cuya finalidad aún no alcanzo a comprender muy bien. Precisamente en base a estas últimas me he tomado el atrevimiento de hacer una breve clasificación de algunos usuarios de Facebook. Aquí la tienen...

(Aclaración: las ilustraciones que aparecen en el post llevan nombres ficticios pero están inspiradas en situaciones reales)

LOS INFORMATIVOS
Creo que conforman una de las comunidades más numerosas de Facebook. Llevan una especie de diario íntimo pero público. Van avisando de todo lo que hicieron o van a hacer. Necesitan compartir sus devenires con todo el mundo. No estaría mal que a fin de año revisen lo publicado y saquen un suplemento especial con los mejores y peores momentos del 2010.

LOS ENIGMATICOS
Son fanáticos de las palabras sueltas y las frases crípticas e inconclusas. Apelan al misterio para que los amigos confidentes pregunten qué les pasa y el resto de la gilada se haga el bocho. Lo peor que les puede pasar es que nadie les haga un puto comentario.

LOS FECHADORES
Si te olvidaste qué día es hoy estos personajes te lo van a hacer recordar, quedate tranquilo. Capaz que es un ayuda memoria para ellos mismos, qué se yo. Lo más preocupante es cuando aparece alguien que dice que “le gusta”. Debe ser el clásico autómata que aprueba todo sin leer de qué carajo se trata.

LOS CLIMATICOS
No pongas TN o Crónica TV para saber el estado del tiempo, directamente entrá al perfil de estos personajes. Te lo resumen en dos palabras. También forman un clan numeroso. Sus estados de ánimo están sujetos a las condiciones meteorológicas. A veces se dan algunas curiosas muestras de sadismo, como la de alguien que le gusta que la chica del tercer ejemplo se esté cagando de frío.

LOS OPTIMISTAS
Transforman cualquier suceso pedorro en algo positivo e instan a sus amigos a acompañarlos en su algarabía. La mayoría de las veces suelen combinar características de otros grupos. Puede ser una optimista “fechadora”, como en el primer ejemplo, o un optimista “climático”, como en el segundo.

LOS SENSIBLES
Su intención es hacer pedagogía y que todos aprueben sus frases sabias y reflexivas. Son como una especie de gurúes digitales a los que todos sus amigos consultan. Miralo desde el lado positivo: si no estuvieran estos personajes tendrías que comprarte un libro de Coelho o de Bucay. Y los libros están medio carelis últimamente. Agarrá viaje.

LOS ROMANTICOS
Viven enamorados y cuando no lo están se mueren por estarlo. En este último caso, sus frases actúan como señuelos para que piquen los miembros del sexo opuesto que transitan la misma situación desgraciada que ellos. Actúan como levante, bah, eso es lo que quise decir.

LOS EXAGERADOS
No llama tanto la atención lo que escriben sino cómo. Debería consultar al Hombre Cualquiera para saber qué máxima le caben a los que colocan más de veinte signos de admiración en cada frase o repiten hasta el cansancio alguna letra. Capaz que tienen algún falso contacto en el teclado. En cuanto al segundo ejemplo, ya me imagino qué debe haber pasado: el día que en la clase de lengua enseñaron que los puntos suspensivos eran nada más que tres seguramente faltaron.

LOS NACIONALISTAS
Se enganchan eufóricos en cada logro del país en la actividad que sea. Buscan sumar adeptos para revalidar su fanatismo celeste y blanco. Preparate para soportarlos durante el Mundial. Después no me digas que no te lo advertí.

LOS FUTBOLEROS
No hace falta presentar a estos sujetos. Su sueño es participar en programas como “Tribuna Caliente” o pelearse con Horacio Pagani en algún ciclo de TyC Sports.

LOS SOLIDARIOS
Hacen saber a todos que están comprometidos con alguna causa o los sensibiliza alguna catástrofe. A veces no es el muro de Facebook y ante escasas 50 o 60 personas el mejor lugar para hacerlo. Pero de todas maneras los deja con la conciencia tranquila.

LOS POLITIZADOS
Se cansaron de mandar cartas al correo de lectores de Clarín y La Nación y que no se las publiquen. De esta manera los van a leer menos gente, por supuesto, pero pueden escribir todos los días y sin filtro.

LOS ESCRACHADORES
Hartos ya de alguna injusticia, deciden mandar al frente al culpable de todas sus desgracias. Te digo que no es mala idea.

LOS DESAHOGADOS
Están calientes y necesitan hacer catársis. Me parece bárbaro, hay que largar todo.

LOS ANGLOPARLANTES
Son más criollos que el mate y el dulce de leche sin embargo algo les dice que queda mejor expresarse en el idioma de Shakespeare. ¡¡¡¡Go to cagar!!!!

Después de leer todo esto, vos... ¿qué estás pensando?

lunes, 15 de marzo de 2010

Tocó con todos


Guillermo Vadalá es uno de los mejores bajistas argentinos de rock y de jazz. Comenzó su carrera profesional a los 17 años de edad formando parte del legendario grupo de jazz/fusión Madre Atómica, junto a Lito Epumer, el Mono Fontana y Jota Morelli. Luego siguió junto al Lito Epumer Cuarteto, hasta que en 1988 fue convocado por Fito Páez para unirse a su banda. Allí participó en la grabación de todos los discos de esa época y en todas las giras que el rosarino realizó por Sudamérica, Estados Unidos y Europa. También realizó grabaciones y tocó en vivo con Luís Alberto Spinetta, David Lebon, Mercedes Sosa, Luís Salinas, Dino Saluzzi, Al Di Meola, Scott Henderson y Frank Gambale, entre otros.
En 2004 editó su primer álbum solista llamado “Bajopiel”, y en 2009 presentó el CD “Alumbramiento”. Su línea musical es básicamente el funk y el jazz. De este último trabajo he encontrado un video con fragmentos de algunos temas. No es mucho, pero a la vez bastante para tener idea de las dimensiones de este monstruo de las cuatro cuerdas.
Ah, y para los que me van a hacer la pregunta obvia: no es el ex de Moria (ese es Luís).

miércoles, 10 de marzo de 2010

El show del repulgue


No existe un combo de situaciones más graciosas, conflictivas y estresantes que las generadas al encargar un delivery de empanadas. Que alguien me diga si efectuar un pedido de este típico producto criollo no es para quilombo. Desde la sesuda elección de los gustos hasta el momento en el que se abre el paquete. Sin mencionar las discusiones sobre el lugar o las complicaciones surgidas durante el llamado telefónico. Juro que es para filmarlo. Pasen y sírvanse... lo que puedan!

ORGANICEMONOS
La primera disputa de la noche se da a la hora de elegir el comercio encargado de suministrarnos las empanadas. Todos aseguran conocer "el" lugar donde las hacen mejor. Que no es el mismo, por supuesto. “Pidamos las de acá a la vuelta”, insistís vos. “No, las de ahí no te las como ni en pedo, les ponen mucho aceite y termino repitiéndolas 3 días seguidos”, protesta airadamente otro. “Bueno, entonces pidamos las de enfrente de la placita”, sugiere un tercero con toda la buena onda y la paciencia. “No, las hacen muy secas”, vuelve a quejarse el mismo de antes. “¿¡¡Y cuáles te gustan, la puta que te parió!!?”, grita otro desde la cocina, mientras filetea un salamín para ir aplacando a las fieras. “Che, yo conozco un bolichito que abrieron hace poco. Me dijeron que son buenas”, aporta tímidamente una de las chicas. “Y dale, ¿tenés el teléfono?”, pregunta otra. “Mmmm... no, tendría que llamar a la cuñada de mi prima que fue quien las pidió”, se excusa, mientras el del salamín se auto reprime para no acuchillarla. Como se ve, la cosa viene complicada, pero es sólo el comienzo.

¿VOS DE QUÉ QUERÉS?(1)
Bien o mal, conformes o no, una vez definido el lugar, el segundo paso es elegir los dichosos gustos. Puede ser al voleo o en base a algún folleto o volante del negocio en cuestión. Generalmente aparece un voluntario que, en una hojita, va anotando las preferencias de cada comensal. “Vos Ricardo... ¿cuáles querés?”, arranca lapicera en mano. “¡¡¡¡Para hoy, Ricky!!!!”, lo caga a pedos al ver que el tipo está estudiando el menú como si fuera un ejercicio de análisis matemático. “Ya está, anotame 5 de verdura”, declara al fin ante el asombro de todos. “A mí anotame una de panceta al curry, una de roquefort con cerezas patagónicas y otra de longaniza a la soja”, avisa otra con veleidades de gran gourmet. “Me parece que estás anotando mal...”, corrige alguien; “...¿por qué no hacés una lista de los gustos que van pidiendo y les colocas un palito al lado? De onda te lo digo...”, concluye. “¡Tomá! ¿Querés hacerlo vos?”, reacciona enojado y amenazando revolear el papelito a la mierda. “Che, me está faltando Juanpi”, avisa el escribiente, ya repuesto del entredicho anterior. “¡Aguantá que ya vooooy!”, se escucha su voz desde el baño, un poco tapada por el ruidoso desagote del inodoro. Y por supuesto, la cosa se enrosca aún más cuando hay que pedir por los que todavía no llegaron. “¿Y con Seba qué hacemos? ¿Lo esperamos?”, preguntás vos. “Pedile 2 de pollo y 2 de carne picante”, resuelve una de las chicas muy segura. “¡¡Desde cuándo a Seba le gustan las de carne picante!! Pedile 2 de cebolla y queso, mejor”, corrige otra ofuscada. Y si hasta acá la cosa parecía abrochada, todo vuelve para atrás cuando al momento de llamar, alguien dispara: “che, mirá que yo las quiero al horno, ¿eh?”.

¿TE PUEDO HACER UN PEDIDO?
Si vos creés que éste es un período de calma, te equivocás, porque durante el llamado telefónico también suelen aparecer ciertos percances. A saber: constantes tonos de ocupado, avisos de demora en las entregas, escasez de gustos... “Che, me dicen que no les queda de carne cortada a tijera. ¿Por cuál la cambian?”, pregunta el encargado de hacer el pedido. Esta situación descoloca a muchos y obliga a un inesperado replanteo. “¿Te puedo llamar en un ratito?”, termina consultando el ocasional vocero al relojear el tenso clima de confusión que reina en el ambiente. A veces son más de uno los gustos que faltan, lo que provoca un caos generalizado que sólo personas con temple de acero pueden manejar. Los más sumisos se la bancan; los más intolerantes piden cambio urgente de negocio o directamente la cabeza del dueño. Una vuelta –y esto es posta- un amigo le arrancó el teléfono de la mano a su mujer y, al mejor estilo Tangalanga, le preguntó al empleado por qué carajo no cerraban el boliche si le faltaban tantos gustos.

RUEDA DE RECONOCIMIENTO
Tarde o temprano llegan las empanadas y comienza el gran conflicto de la noche: identificarlas. No es fácil. Agujeritos, símbolos, estilos de repulgue e iniciales marcadas a fuego como si se tratara de ganado son más difíciles de interpretar que los rollos del Mar Muerto. A veces vienen con diferentes y extrañas formas, pero al momento de hincarles el diente dudás si quedaron así a propósito, o porque el motoquero derrapó en una curva y se fue contra un poste de alumbrado. Otras traen los nombres en una especie de señaladores de papel, pero esta aparente prolijidad dura lo que un pedo en una canasta; después de los primeros manotazos, los papelitos señalan cualquier cosa y terminás clavándote una de cantimpalo con ají putaparió, cuando habías pedido una de atún sin sal.
La situación se puede poner todavía más heavy cuando algún gusto no aparece. Es que puede ocurrir que te hayan mandado empanadas de menos. Hay que llamar nuevamente al negocio, entonces. “Sí, qué tal... te hablo de Segurola 4186, Torre 17, piso 24, departamento 132 bis...”, arranca el reclamante; “...mirá, es para comentarte que no nos trajeron la de chinchulines al oporto...”, continúa con tono de preocupación. El reclamo es atendido, y con la de chinchulines finalmente en mesa los ánimos se calman. Sólo hasta que descubren que falta otra. Pero esta vez el enemigo está en casa.

LO MÍO ES MÍO Y LO TUYO TAMBIÉN
Este asunto de la confusión en los gustos juega a favor de los personajes más odiosos de toda esta historia: los que toman las empanadas de otros. Básicamente hay cuatro clases de piratas del repulgue:
1) Los equivocados. Como recién vimos, algunos métodos de identificación son tan rebuscados que hacen ensartar a cualquiera. Lo entiendo y es perdonable.
2) Los despreocupados. Respetan la cantidad que pidieron, pero el caos los agota y deciden manotear lo que venga. Lo considero imperdonable; con un poco de voluntad y atención se pueden llevar tranquilamente las que les corresponden.
3) Los insaciables. Es decir, ya se fagocitaron las suyas y como se quedaron con hambre avanzan descaradamente sobre las de los demás. Este último grupo merece el pelotón de fusilamiento. Así nomás.
4) Los arrepentidos. Son los que le pegaron el tarascón y advierten que le erraron. “Uy, me parece que me estoy comiendo la de otro. Yo pedí queso y cebolla y esta es caprese”, avisa con voz culpable y actitud pecaminosa. El verdadero dueño la agarra como si fuera un pescado podrido, mirando de reojo a ese pedazo de tomate que asoma del boquete que dejó su amigo. En el mejor de los casos, el damnificado corta la parte mordida y se la engulle igual. En el peor, la empanada queda abandonada en la bandeja cual animalito manoseado que la madre ya no quiere tocar.
Pequeño consejo para quien no pertenece a ninguno de estos grupos: apenas llegue el conflictivo paquete, agarrate las tuyas. Rápido. Ponelas en un plato, en el bolsillo o en donde sea. Te evitarás grandes disgustos. Si te dormís, podés no verlas más. O comerlas baboseadas.

DIME CÓMO LAS COMES...
Y a la hora de entrarles a las tan deseadas empanadas, cada uno recurre al método que le venga en gana. Se pueden comer con la mano o con cuchillo y tenedor. Los dos son válidos. No obstante, si sos partidario de la segunda opción, seguramente vas a tener que soportar el clásico y molesto “¡¡¡cheeeee, dejate de joder, comela con la mano!!! ¿Sos delicadito, ahora?”. Y tus amigos, que hasta acá te conocen como un tipo tranquilo, se escandalizan al escuchar de tus labios un “¡¡¡y a vos qué carajo te importa cómo me lastro la empanada, infeliz!!! ¿Acaso critico que te hayas salpicado toda la camisa con aceite?”. “¡¡Ehhhhh!! ¡¡Qué susceptible que estamos!!”, se ataja el agresor, que generalmente es de esos que creen que sus ataques nunca merecen las virulentas reacciones que provocan. La reunión se desmadra, y más de uno se preguntará por qué no prevaleció la idea original de la tallarinada. Y todavía queda por delante el delivery de helado.

CONCLUSIONES DE SOBREMESA
Con las panzas llenas, el clima, por suerte, vuelve a tranquilizarse, y ese gusto por el que tanto se pelearon termina muerto de risa en la caja. Lamentablemente somos así.
Para hablar ahora un poco de mí, diría que acepto las empanadas de cualquier lugar, que soy de los que apenas aterriza el paquete tomo la precaución de agarrarme las mías, y que no tengo una técnica definida para comerlas. Me da exactamente igual. Un día me gusta comerlas con cuchillo y tenedor, otro día me gusta hacerlo con la mano y quién te dice que en un futuro también pruebe la experiencia de comérmelas dobladas.
Una vez conocí a un empresario que antes de cerrar un negocio con algunos clientes o colegas, los invitaba a jugar un partido de tenis o de pádel. Allí les sacaba la ficha. En el fragor de la lucha se daba cuenta si los tipos eran leales, honestos, pacientes, generosos, caballeros, interesados, egoístas, violentos, tramposos, competitivos, etc, etc, etc... En fin, los obligaba a mostrar todas las virtudes y defectos de los seres humanos. Es una buena estrategia, aunque si yo estuviera en el lugar de ese empresario los invitaría a compartir un delivery de empanadas.

(1) Famoso slogan de una conocida cadena de delivery de empanadas.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El hombre-electrón

Según los libros de biología, todos los seres humanos estamos formados por millones de moléculas, y cada molécula, por un conjunto de átomos. Cada átomo, a su vez, se compone de un núcleo de carga positiva formado por protones y neutrones, alrededor del cual se mueve una nube de partículas negativas, llamadas electrones. Si bien esto es cierto, creo que a los científicos en algún punto se les debe haber escapado la tortuga. Y no es chiste. Estoy en condiciones de afirmar que existen individuos que nacieron desprovistos de núcleos y cuya única misión en la vida es desparramar energía negativa.

PRESENTACION EN SOCIEDAD
Para arrancar diría que el “hombre-electrón” (o mujer-electrón, da lo mismo, no se pongan celosas las chicas) vendría a ser un pariente lejano del “contreras” y del “sabelotodo”. Con las diferencias del caso, por supuesto. El sujeto negativo no se opone ni fanfarronea por deporte, lo hace para prevenirnos de algún peligro o prepararnos para “lo peor”. En general es tremendista, exagerado y su especialidad es dar malas noticias. Siente la obligación de informar la verdad -o lo que él cree que es la verdad- antes de que el otro viva engañado. Aunque duela. Y si bien en esta delicada cuestión podemos estar todos más o menos de acuerdo, el problema es que este espécimen carece de todo tacto a la hora de discernir si alguien debe ser rescatado o no de ese piadoso engaño. Es un asaltante de ilusiones.

UN POCO DE MALA ONDA NO SE LE NIEGA A NADIE
La medicina y la salud son sus terrenos favoritos. Le encantan. El negativo es un ferviente abanderado de una dudosa máxima: los médicos siempre te ocultan algo. Si el tordo te recetó una pastilla color verde, el tipo te va a decir que ésa es para hipertensos graves, y que si estuvieras bien te hubiera mandado a tomar la azul. Si te ve algún lunar en el cuerpo, te va a contar que a una amiga le apareció lo mismo y en dos semanas espichó. Si le comentás entusiasmado lo bien que viste al abuelo Paco para las Fiestas, te avisa que, según escuchó de buena fuente, el veterano no llega para comer la rosca de Pascua. Ah, y siempre te va a ver más flaco, una manera indirecta de sugerirte que debés tener “algo”.
Nunca le confieses tus planes vacacionales a un negativo. Si viajas en tal aerolínea, te va asegurar que a esa flota de aviones hace 2 años que no le realizan mantenimiento. Si te vas al Caribe, te va a afirmar que es temporada de huracanes. Si en cambio optás por un tour arqueológico al Machu Picchu, te va a advertir que viajás justo en época de lluvias y aludes. Aunque no siempre va a pronosticar clima fulero; si tu próximo destino son las Cataratas te va a confiar que, por la sequía, el río Iguazú se quedó sin agua. Y ni se te ocurra contarle que te vas con tus hijos a Disney; es capaz de decirte que Mickey, Minnie, Pluto y Donald cayeron en cama por el dengue o la gripe A.
El rubro automotriz tampoco escapa a sus predicciones. Si te compraste tal auto importado, te va a afirmar que los repuestos son carísimos y tiene poco valor de reventa. Si te compraste tal modelo nacional, te va advertir que son los que más afanan. Si sacaste un 0 km te va a recordar que al mes pierden la mitad de su valor. Si apenas te alcanzó para uno medio viejito, te va a decir que, según su mecánico, a más de 90 recalientan. Si te compraste una 4 x 4 te va a asegurar que las “levantan” para clonarlas en Paraguay. Si te compraste una moto te va a contar que en una idéntica se hizo percha un amigo.
Y hay más... Si le confesás entusiasmado que vas a ser papá, te va aconsejar que duermas ahora porque se te avecinan noches enteras en vela. Si tu hijo consiguió un laburo en una cadena de hamburguesas, te va a asegurar que los explotan. Si te compraste un depto en el centro, te va a avisar que no vas a poder dormir por el ruido. Si te mudaste a un barrio tranquilo, te va a señalar que justo en esa zona crecieron los asaltos. Si te pusiste a fabricar slips, te comentará que ahora se están usando más los boxers. “Yo te lo digo por las dudas, después vos hacé lo que quieras...”, es el latiguillo que usa como corolario de sus inoportunas palabras de desaliento.

BALANCE NEGATIVO
Conclusión, lo que se dice conclusión, no he sacado; es que bucear en la psicología de un negativo es una tarea compleja. Pero a modo de cierre, voy a traer a la memoria una anécdota muy graciosa ocurrida hace años. Un amigo le acababa de dar a otro la noticia que iba a ser papá por segunda vez. Ya tenía una nena y ahora esperaba el pibe. Como el futuro padre ya sabía de la condición de negativo de su interlocutor, se preparó para soportar con humor el mismo par de advertencias de aquella primera vez: que no iba a poder pegar un ojo y que ahora empezaban los verdaderos problemas. Pero este hombre-electrón no apeló a ninguno de estos lugares comunes. Haciendo gala de una asombrosa creatividad, lo aplastó con un “¿Así que se viene un varoncito? Mmmm... ¡¡Cagaste!! no te va a servir nada de lo que dejó la nena...”. Un capo total.

domingo, 28 de febrero de 2010

Más recuerdos...

Y sí, me puse nostálgico. Esta vez me agarró por el lado de las series de TV. Los más veteranos –y memoriosos- sabrán de qué les hablo cuando les proponga viajar en el tiempo hasta aquella saga protagonizada por Tony Curtis y Roger Moore. Si todavía no la sacaron (no se hagan los pendex, che), me estoy refiriendo a Dos tipos audaces, otro de mis programas favoritos de la vieja pantalla en blanco y negro.
Esta inolvidable serie británica (su nombre en inglés era The Persuaders!) fue creada por Robert Baker y se emitió en 1971 y 1972 por la cadena ITV inglesa, y por la ABC Network, en Estados Unidos.
En Dos tipos audaces, Roger Moore -conocido hasta ese entonces por su papel de El Santo- encarnaba a Lord Brett Sinclair y la estrella de cine Tony Curtis personificaba a Danny Wilde, conformando un dúo de play-boys millonarios, pero con muy diferentes orígenes. Y precisamente esa diferencia le aportaba a la serie abundantes dosis de humor. Sinclair, de familia noble y exquisitos modales, prototipo de la elegancia inglesa (era elegante hasta para cagarse a trompadas), se ve forzado a formar equipo con Wilde, nacido en el marginal Bronx neoyorkino y ascendido desde los bajos fondos hasta convertirse en un magnate petrolero. Ambos son rescatados de la cárcel por un juez, con la intención de utilizarlos para resolver casos criminales complicados.
Dos tipos audaces fue en aquel momento la serie con mayor costo de producción (100.000 libras por episodio) y se desarrollaba en diferentes puntos de Suiza, Francia, España e Italia. Como atractivos ingredientes, se mostraban altísimos niveles de vida, mujeres despampanantes, lujosos casinos, y veloces autos deportivos.
La serie tan sólo constó de veinticuatro episodios, y quizá en EE.UU. no tuvo tanta aceptación cómo en otros países porque se consideró que ridiculizaba la forma de vida americana, ensalzando las maneras inglesas y presentando al país cómo una antigua colonia del imperio de "Su Majestad".
 Además, competía en la programación con un poderoso rival: Misión Imposible.
 Al terminar su producción repentinamente, Roger Moore adaptó maneras de Brett Sinclair al recién estrenado papel de James Bond, su rol más celebrado.
El tema musical de The Persuaders!, fue compuesto por John Barry, autor también de la banda sonora del film 007.



Compilado con escenas de la serie.



Introducción con la música original.